domingo, 19 de junio de 2016

En busca del ecosistema emprendedor

Bolivia ocupa el puesto 45, entre 54 países, en el ranking de Índice de Condiciones Sistémicas para el Emprendimiento Dinámico (ICSEd-Prodem). Tiene buenas condiciones culturales y de demanda para impulsar el emprendimiento, pero sus regulares condiciones de capital humano emprendedor, de educación, de capital social y de financiamiento le restan muchos puntos.

El dato fue expuesto por el experto Hugo Kantis, con más de 15 años de experiencia en la región, director de la institución argentina Programa de Desarrollo Emprendedor (Prodem) y especialista en diseño, asesoramiento y evaluación de programas institucionales y políticas para fomentar el emprendimiento.

El ICSEd-Prodem es un indicador compuesto construido según los lineamiento del manual de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y califica a los países según 41 variables, obtenidas de fuentes secundarias de información, como datos de instituciones y noticias de medios de comunicación.

"El emprendimiento es un vehículo que puede contribuir a la diversificación de los tejidos productivos de nuestros países, a la innovación y, en particular, a la generación de ingresos y empleo de mayor nivel que lo que están haciendo nuestras economías”, señaló Kantis en su exposición vía Skype, en el seminario taller internacional "Experiencias latinoamericanas de ecosistemas de apoyo al emprendimiento”, que se realizó el 10 de junio en
Cochabamba, bajo la organización de Fundación para la Producción (FUNDAPRO).

Para que el emprendimiento se afirme como una rueda importante de la economía se necesita una coordinación entre diferentes eslabones: el Estado, las universidades, las empresas privadas y las instituciones de apoyo. Y con el fin de aunar esfuerzos para llevar adelante un trabajo coordinado y conjunto se reunieron, en el mencionado seminario, varias instituciones y autoridades de todo el país, cuyo trabajo se enfoca en apoyar a los emprendedores.

En Bolivia, las organizaciones sin fines de lucro, las alcaldías, las gobernaciones y el Gobierno central trabajan cada una a su manera, de acuerdo con su visión y misión, en las áreas que priorizan; de esa manera el emprendedurismo ha dado pasos importantes. Sin embargo, para atender a todos los eslabones de la cadena del emprendimiento ahora se busca una coordinación más estrecha.

En busca de un ecosistema
"El ecosistema emprendedor es una comunidad orgánica interrelacionada que resulta en la definición, creación y entrega de valor, generando impacto positivo o negativo en un ambiente geográfico determinado”, explica en el mismo acto el boliviano Miguel Ángel Figueroa, director internacional de programa en NovusFoundation (con sede en Estados Unidos) y además director general de Hub 7 SA, la primera aceleradora de negocios de base tecnológica en Bolivia.

En nuestra región hay diversas experiencias de coordinación y organización de ecosistemas de apoyo al emprendimiento. Entre las más relevantes están las de Chile, Uruguay y Colombia, las cuales pueden servir de guías en el camino del país hacia un ecosistema que no sólo apoye al nacimiento de negocios, sino a la constante innovación y crecimiento de las empresas.
Pero, ¿cuál es la vía correcta para Bolivia?

Un ecosistema está compuesto por emprendedores, instituciones académicas, gobierno, instituciones privadas y organizaciones sin fines de lucro. Debe contar con infraestructura y redes de contacto, y demanda el apoyo de las entidades financieras.

Para la experta colombiana Liliana Gallego, "ceder es uno de los requisitos imprescindibles para llevar a cabo un trabajo conjunto. Porque, si bien pueden haber muchas instituciones que hacen lo mismo, es importante que el trabajo se distribuya. Así cada una sigue haciendo lo que hacía, pero pone más énfasis en el eslabón que le toca”.

De acuerdo con la explicación de Miguel Ángel Figueroa, se debe tomar en cuenta que los ecosistemas de emprendimiento son únicos y diferentes, involucran cambio continuo, están basados en la diversidad, requieren tiempo, pasan por procesos de experimentación, se desarrollan con recursos pasados, se re-nuevan, se re-regulan y se re-organizan.

"No es correcto pensar que hay una sola fórmula”, afirma el experto chileno Leonardo Maldonado. "Tampoco se debe pensar que hay que comenzar de cero, creyendo que no existe ya un ecosistema”, enfatiza. Para ese especialista es importante no desmerecer lo avanzado, ni la experiencia de trabajo que tienen las entidades en diferentes regiones y sectores.

Experiencias en la región
Hace algunos años, en la región, países como Chile, Uruguay y Colombia comenzaron a armar sus ecosistemas de apoyo al emprendimiento, cada uno a su manera.

Chile comenzó con la coordinación de las instituciones dedicadas a apoyar a los emprendedores. Como resultado se determinó trabajar con tres estrategias, tanto con el entorno como con los actores. Las estrategias con el entorno tenían que ver con cultivar sentido, enraizar la cultura del emprendimiento e innovación y fomentar la "polinización” cruzada. Con los actores, las tácticas fueron incubar personas, incubar "tribus” y entrelazar stakeholders. Todo esto sobre la base de reglas de juego establecidas por el Estado (leyes y normativas), capital financiero e intelectual (dotado por banco y universidades) e infraestructura (física, tecnológica y sociocultural).
Sin embargo, el trabajo más fuerte se hizo con los emprendedores, con su pasión y compromiso hacia sus sueños. De esa manera se alcanzaron excelentes resultados, por ejemplo, en Antofagasta que de ser una localidad desértica y casi sin agricultura local se convirtió en una población caracterizada por la presencia de empredimientos productivos que lograron una verdadera transformación social.

El experto uruguayo Mauro Costa relata que en su país se tomó una vía con mayor presencia estatal. En 2005 se conformó el Gabinete Ministerial de Innovación, que tiene como rol central la "coordinación y articulación de las acciones gubernamentales vinculadas a las actividades de innovación, ciencia y tecnología para el desarrollo del país”, según señala su web.

Costa es ejecutivo de Proyectos de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), integrante del Gabinete Ministerial de Innovación, y gestiona diversos instrumentos del Programa de Apoyo a Futuros Empresarios (PAFE). Cuenta que como parte del apoyo estatal se creó un fondo público destinado a apoyar a los emprendedores para mejorar en diversas áreas. ANII supervisa el buen uso de esos fondos y además asesora.
"Hasta el momento se ha apoyado a 95 emprendimientos con 15.000 dólares a cada uno, en promedio”, asevera Costa. Uno de los resultados destacables de ese trabajo fue el retorno de emprendedores que habían migrado de ese país en busca de mejores condiciones de negocio.

Colombia es un caso diferente. En Medellín, hace 20 años, la articulación proactiva de una red que involucró a todos los actores del desarrollo económico de la región dio origen a una organización que hoy se llama CREAME Incubadora, que trabaja en la región de Antioquia. Su directora nacional, Liliana Gallegos, destaca que hoy ese es el ecosistema más desarrollado de Colombia, que apoya en diversos eslabones del emprendimiento.



Los emprendedores tienen poca capacitación y el 30% vive en la extrema pobreza

El 87% de los emprendedores en el país son pequeños y realizan ventas al por menor, el 66% genera un solo empleo y el 34% no genera ninguno.

Esos son los datos que lanza el estudio realizado por Hub 7, una de las primeras aceleradoras de negocios de base tecnológica de Bolivia. Su director general, Miguel Ángel Figueroa, explica que de todos los emprendimientos bolivianos el 1% ofrece productos y/o servicios innovadores de potencial impacto.

El 80% no tiene ningún cliente internacional y sólo el 25% de los emprendedores recibió algún tipo de capacitación en inicio y gestión de negocios. Entre los principales obstáculos para emprender están -como condiciones formales- el apoyo en investigación y desarrollo, las escasas políticas públicas, programas gubernamentales no institucionalizados y una débil educación para el emprendimiento.

Como condiciones informales que desfavorecen el impulso al emprendedurismo están la mínima existencia de oportunidades, algunas normas sociales y culturales que van en contra de emprender, la baja valoración social del emprendedor y los deficientes conocimientos y habilidades para emprender.

Eso se refleja en que, de acuerdo con el estudio, sólo 0,9% de los emprendedores incorpora nuevas tecnologías; 1,5% cumplió con una formación de posgrado, 9% cuenta con educación superior y el 80% sólo cumplió con la educación primaria.

El 60% de los emprendedores es pobre y 30% vive en la extrema pobreza. Sin embargo, para emprender un negocio en el país se necesitan, como mínimo, entre 660 y 2.100 dólares, los cuales -por las condiciones del sistema financiero- deben ser respaldadas en más del 90% por el aporte propio de los emprendedores y quizás el resto pueda ser financiado, con tasas de interés de entre 20% y 12%.
El 75% emprende por necesidad y sólo el 15% lo hace por oportunidad.

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