domingo, 25 de septiembre de 2016

La importancia del libre comercio

Hoy en día, cuando nos referimos al libre comercio lo pensamos como un hecho internacional. Hoy, a ningún comerciante se le prohíbe llevar sus productos, al interior de un país, de un lugar a otro. Si usted produce algo en La Paz y puede vender eso en Santa Cruz lo hace sin ningún impedimento y viceversa, no tiene que cumplir normas especiales, no le ponen trabas para hacerlo y no le cobran ningún impuesto especial.

Sin embargo, este hecho que es absolutamente normal en el país no ocurría así en el pasado. Hubo épocas en que se impedía que los productos sean movidos de un departamento a otro, sobre todo la producción agrícola, bajo el argumento de que ello podía generar una escasez del producto en cuestión y por ende subiría el precio. Esto es algo que impide el desarrollo de un país, pues para ser eficiente todo productor debe diseminar sus lugares de venta, lo cual hace efectivo por medio del comercio. Un productor eficiente minimiza el riesgo de tener un solo demandante. Lo mismo pasa con los demandantes; deben contar con la seguridad de que pueden obtener un producto de diferentes lugares, porque esto también minimiza el riesgo de dependencia.

Lo acontecido en Bolivia también sucedió en otros países. Un ejemplo paradigmático es el de la India, con una población del orden de 1.200 millones de personas, sólo superada por China. India, luego de su independencia de Gran Bretaña siguió un modelo económico estatista y muy restrictivo, inspirado en el socialismo. No había libre comercio al interior de ese basto territorio. Hoy es muy diferente. Se mueve en un contexto de economía de libre mercado, proceso que comenzó en los años 90 del siglo pasado, por lo cual existe allí pleno libre comercio interno. Además, se ha abierto al comercio internacional y tiene varios tratados de libre comercio con otros países del mundo.

En el mundo, a ningún productor u oferente le gusta la competencia en el campo de lo que hace. Ellos quedarían encantados si fueran los únicos vendedores. ¿Qué les impide hacer realidad este sueño? La presencia de la competencia. Esto implica que si el mercado es libre siempre habrá alguien que produzca lo mismo.

Este comportamiento también está presente en los trabajadores. No les gusta tener competidores porque cuando los hay, significa menores salarios. Esto explica la proliferación de los sindicatos en el mundo durante el siglo XX, con el propósito central de impedir, por todo medio, que bajarán los salarios. Por esta razón, no se califica al salario como un precio determinado por el mercado, como debería de ser, sino como un "precio administrado”, en cuya determinación participan -de manera negociada- tres instituciones: el Gobierno, las empresas y los sindicatos.

Pero, como cada vez el trabajo es más diferenciado, con variados grados de productividad y de especialización, los sindicatos están perdiendo poder. Sus propósitos se hacían realidad en un mundo donde el trabajo era muy uniforme, como el del obrero. Pero hoy los obreros son una minoría, incluso en la actividad manufacturera.

Uno de los acontecimientos económicos más importantes en el último medio siglo ha sido el continuo crecimiento del comercio internacional. Éste se ha expandido a un ritmo mayor que la producción mundial, a pesar de no existir libre comercio mundial. A lo mucho se ha logrado alcanzar los llamados "tratados de libre comercio”, que son acuerdos políticos entre estados, cada uno de ellos velando por los intereses de sus productores importantes. A lo que se ha llegado es a que dos países, o más, se pongan de acuerdo en permitir el libre comercio de un listado de productos, lo cual es entendido como la ausencia de aranceles (impuestos al comercio internacional).

A título de "industrias nacientes” del modelo de sustitución de importaciones, en América Latina proliferó el proteccionismo hasta ahora, una situación que ha ingresado en crisis como se puede observar en dos importantes economías de la región: Brasil y Argentina.

Llama la atención que las grandes economías sean las más cerradas al libre comercio mundial. Esto se explica porque han construido aparatos económicos muy diversificados, lo cual no es una característica de las pequeñas economías, como la boliviana.

La forma de medir la apertura al comercio es sumando las exportaciones de bienes y servicios de un país con sus importaciones. El resultando se divide entre el Producto Interno Bruto (PIB) para tener una idea de la magnitud de su apertura.

Con datos del Banco Mundial para 2014, se concluye que Brasil es la economía más cerrada, con un indicador del orden del 25%, siguiendo la Argentina con el 29% y los EEUU con el 30%.

En cambio, las economías pequeñas y exitosas como Hong Kong, Luxemburgo y Singapur son las más abiertas del mundo, con los siguientes indicadores: 440%, 374% y 360%, respectivamente.

La media mundial está en el orden del 89% y Bolivia para 2014 mostró un indicador del 85%. Para 2015, este indicador bajó ya que el comercio exterior del país decreció con relación al año anterior.

* Profesor emérito de la UMSA y expresidente del Banco Central de Bolivia.

Aprenda cómo ahorrar su dinero y programar gastos

El ahorro “es la acción de separar una parte del ingreso mensual que obtiene una persona o empresa con el fin de guardarlo para el futuro. Se puede utilizar para algún gasto importante que se tenga programado, algún imprevisto o emergencia económica”.

Un enfoque muy común es pensar que el ahorro del mes es lo que queda después de realizados todos los gastos. Con esa forma de pensar, muy probablemente no se ahorrará gran cosa, a no ser que seamos personas extremadamente disciplinadas y enfocadas en nuestros objetivos de largo plazo.

Ingresos - ahorro = gastos. Una vez que hemos tomado la decisión de ahorrar, ya sea para comprarnos un auto, para pagar los estudios universitarios de nuestros hijos, o cualquier otra cosa, es importante decidir dónde guardaremos el dinero y si buscaremos obtener una rentabilidad; es decir, si deseamos ganar intereses para reinvertirlos y así a la larga acumular un monto mayor que el que se obtendría si solo se guarda el dinero bajo el colchón o en una caja fuerte.

El principal factor a considerar al evaluar las diferentes opciones, es el riesgo. Guardar el dinero bajo el colchón es claramente una de las alternativas más riesgosas, mientras que ponerlo en una caja de seguridad de un banco parece ser lo menos riesgoso.

Por más seguro que se encuentre guardado nuestro dinero, estará expuesto a la pérdida del poder adquisitivo que ocasiona la inflación. Supongamos que la inflación promedio anual es del orden del 4%. Si ahorramos Bs 1.000 y los guardamos en una caja fuerte durante cinco años, el poder adquisitivo se habrá reducido, después de cinco años, a Bs 820, expresado en dinero de hoy. Es decir, que después de cinco años, con los mismos Bs 1.000 podremos comprar menos bienes de los que podemos adquirir hoy.

En el anterior ejemplo, si al menos deseamos mantener el poder adquisitivo de nuestro dinero, tendríamos que invertirlo a una tasa de interés igual o superior al 4% anual. Esto puede lograrse, por ejemplo, abriendo un depósito a plazo fijo (DPF) en un banco. Después de transcurridos cinco años, el banco nos devolvería alrededor de Bs 1.216. El mayor inconveniente de abrir un DPF es que si por alguna razón es necesario liquidar la operación antes de la fecha pactada de vencimiento, se perderá el interés acumulado. Si el DPF tiene la particularidad de ser negociable en una bolsa de valores, esta situación no representaría un problema.

Que otras opciones hay para ahorrar. Hay mil y una formas de invertir el dinero. Cada una de ellas trae asociado un riesgo. Por ejemplo, prestar el dinero a una tasa de interés alta puede resultar altamente rentable, pero también puede perderse la totalidad del capital invertido si el prestatario no devuelve el dinero.

Dentro de las opciones menos riesgosas, además de la banca, tenemos el mercado de valores. Una persona puede, por ejemplo, con los mismos Bs 1.000, adquirir acciones o bonos corporativos emitidos por una empresa muy rentable, de mucho prestigio y con un récord intachable de cumplimiento de sus obligaciones crediticias. Estos valores pueden transarse en la bolsa de valores en cualquier momento, lo que resuelve el problema de las repentinas necesidades de liquidez que eventualmente puede enfrentar una persona.

Sugerencia
Los fondos de inversión abiertos como opción

Alternativa. Una opción sobre la que deseamos profundizar en esta ocasión, es invertir el dinero en un Fondo de Inversión Abierto (FIA), que es el patrimonio de un grupo (grande o pequeño) de inversionistas que ha confiado sus ahorros a un administrador en el que puede confiar, pues existe una autoridad que vigila constantemente su accionar. En el día a día del inversor medio hay un tiempo limitado para tomar decisiones de inversión, por lo que delegar estas decisiones a la sociedad administradora que está conformada por un equipo de profesionales altamente calificado que se dedica exclusivamente a implementar estrategias de inversión, suele dar mejores resultados a largo plazo.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Destacan labor de Tatiana Marinkovic

La revista "El Exportador", de la Camára de Exportadores de Santa Cruz (Cadex), destacó el trabajo empresarial que realiza Tatiana Marinkovic Jovicevic, en la gerencia administrativa y financiera de IOL SA, empresa agroindustrial boliviana.

Marinkovic señala que el mayor desafío que tienen los exportadores es la competitividad, toda vez que otros países tienen ventajas sobre Bolivia en aspectos como por ejemplo, la logística que tiene un precio elevado y es limitada. "El exportador también necesita que la producción se incremente considerablemente para poder competir con los volúmenes de nuestros países vecinos", comenta la empresaria.

Marinkovic, además, da unas pautas a seguir en el mundo empresarial como ser: disciplina, visión, honestidad y la capacidad de adecuarse a diferentes adversidades.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Presidente de la Cámara Nacional de Exportadores de Bolivia (caneb) Guillermo Pou Munt Serrano: “Los exportadores estamos peor que todos”



Pou Munt considera heroico el esfuerzo que hace su sector, que mantiene el volumen de sus exportaciones, pese a la baja considerable de los precios. Aunque reconoce que este año será negativo, mantiene la esperanza de encontrar acuerdos con el Gobierno para mejorar la productividad.

¿Cómo creen que terminará esta gestión para ustedes?
Este año no será bueno para las exportaciones. Esperemos que en los próximos años se pueda recuperar de alguna forma esta situación complicada pero ya no se recuperarán los precios, sino la productividad. Ya deberíamos mirar hacia adelante, parar esta escalada de incremento de salarios, que está totalmente desvinculada de cualquier criterio de productividad.

¿Qué habrá que hacer para mejorar?
Una de las cosas es que hay que ligar los salarios a la productividad. Sobre esa base, empezar a construir una nueva agenda productiva para que Bolivia se mida específicamente en función del incremento de los volúmenes exportadores dentro de cada rubro y de cada sector; y que ese cambio en los volúmenes sea la medida de todo.

Si los costos de producción no se mueven y los volúmenes crecen, entonces sí debería haber un esfuerzo a favor de los trabajadores. Pero si esos volúmenes no cambian o caen, no debería haber un cambio en el valor de la mano de obra. Hay que empezar a mirar de otra manera.

¿Cuál es el crecimiento hasta este mes?
No hay estadísticas cerradas hasta septiembre. Pero tenemos claro, con los datos a julio, que el mes va a cerrar entre un 20 y 25% por debajo de las exportaciones del año 2015. Considerando que las exportaciones del 2015 ya tenían una caída de casi un 25% en relación al 2014.

Acumuladamente, en relación al año 2014, las exportaciones del país hasta ahora, han caído en 50% del valor, con pocas posibilidades de que se recuperen hasta fin de año. Los sectores críticos son hidrocarburos y minería. El sector no tradicional ha tenido su caída más fuerte durante 2015 y en 2016 se estabilizó, con leve crecimiento.

En general, estimamos que a fines de año estaremos por alrededor de $us 7.000 a 7.500 millones, partiendo del hecho de que los volúmenes exportados no se han reducido. El 2014 hemos exportado alrededor de 28 millones de toneladas al igual que el 2015. Esto incluye hidrocarburos. Estimamos que el 2016 vamos a llegar a las 29 millones de toneladas.

Es la capacidad instalada del país en términos de exportación de producción.
El Banco Central de Bolivia valoró el esfuerzo que hace el exportador para seguir produciendo pese a las adversidades y que sus volúmenes sólo bajaron en 5% ¿Esto es cierto?
Es un esfuerzo heroico que hace el sector. Imagínense lo que implica tener costos altos de mano de obra, dificultades de devolución impositiva, problemas en el campo laboral, todo tipo de restricciones burocráticas, trámites largos y pesados. En general, los empresarios están mal, pero los exportadores estamos peor que todos.

Es cierto que se avanza con el Gobierno para resolver algunas cosas. Pero hasta que se resuelva, siguen siendo un problema. Pero los exportadores siguen empujando la carreta, exportando, atendiendo a sus mercados internacionales, incluso con caída de precios. Estamos empujando el carro desde hace cinco años y por lo menos el presidente del BCB reconoce nuestra difícil situación.

¿Cómo les va en las mesas de trabajo con el Gobierno?
Estamos participando activamente. Estuvimos en las cinco mesas y vamos a estar en la sexta. Nuestra expectativa se sienta sobre los resultados. Primero, queremos ver los acuerdos que cierran todas estas mesas, porque ahí es donde se verá la verdad del marco en el que el Gobierno quiere avanzar. Segundo, queremos ver que lo que se acuerde se lleve a la práctica. Que no solo exista la norma sino que haya recursos y voluntad de ejecutarla y de cumplir.

¿Hay buena recepción del Gobierno?
Nos estamos escuchando mutuamente. Pienso que eso ya es algo muy positivo. Pienso que vamos a llegar a algo importante. Además, está el compromiso de que aquellas cosas que no acordemos con los ministros, vamos a poder discutirlas con el presidente Evo Morales.

¿Qué le falta a este proceso de diálogo?
Las decisiones con el Gobierno se tienen que acelerar, llevarse a cabo de forma más agresiva y de manera integral. Hay que trabajar en varios ámbitos para generar un ecosistema que esté en condiciones para que los empresarios hagan mejores negocios, eficientes y más productivos.

¿Cuáles son las principales necesidades del sector exportador?
Primero está el tema tributario, donde necesitamos neutralidad e incentivos. Está luego el tema laboral, para obtener un trato laboral equitativo con los empleados. Luego se espera mejorar la logística física y tramitológica. El acceso a financiamiento y esquemas de financiamientos reales y efectivos para el desarrollo de emprendimientos industriales que contemplen esa realidad. Por último está el generar mayor acceso a mercados.

De estos cinco puntos, hay dos donde ya hay avances reales: acceso a mercados que lleva adelante la Cancillería y también avanza el tema logístico, porque se está terminando el diseño de puertos secos, centros de inspección simultáneos, centros de facilitación comercial y por el lado tramitológico está la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE)

Retos para el profesional de hoy

Si usted, estimado lector, es de esas personas que tuvieron la posibilidad de estudiar una carrera universitaria y fue formado para encontrar un buen trabajo fijo, mantenerse en él y seguro por varios años, le tengo una mala noticia:Gracias a la crisis económica que se nos viene por delante, en la actualidad se está tejiendo una nueva realidad en la cual las empresas grandes, demandantes antaño de gran número de profesionales bien calificados, han dejado de buscarlos en la cantidad que lo hacían hasta hace veinte años y se han focalizado en automatizar o terciarizar sus procesos.

En esa dirección, hoy en día se ve que muchos profesionales están comenzando a reinventarse para seguir teniendo valor en un mercado laboral cada vez más agresivo y despiadado, donde pareciera que, sin importar la edad, nunca se cuenta con la combinación deseada entre cantidad de títulos académicos y años de experiencia laboral. Hoy en día, para aspirar a conseguir un buen trabajo asalariado en un tejido empresarial muy complejo, donde las organizaciones buscan deshacerse de sus costos fijos (como ser los salarios mensuales) y convertirlos en costos variables controlables (como ser el pago a consultores por producto o a empresas terciarizadoras de servicios), el profesional de hoy debe convertirse en la combinación perfecta, en una sola persona, entre un "Maestro Jedi” de La guerra de las galaxias–por su gran sabiduría- y un "minion” de Mi villano favorito, por sentirse feliz al ser un servidor entregado, adulador y siempre subordinado.

Bajo esta realidad diametralmente diferente a la de los profesionales exitosos de la segunda mitad del siglo pasado, hoy todos tenemos mucho miedo a perder nuestro preciado trabajo y nos aferramos a él como si fuera el aire para respirar. En este punto, estimado lector, le doy una buena noticia: ¡Es posible!

Observando a varios profesionales exitosos hoy en día, he constatado que se puede sobrevivir en la selva desconocida de la independencia; empero, ellos han pasado por un proceso de reinvención, ofreciendo ahora servicios basados en su conocimiento y experiencia. Esto requiere, sin embargo, un cambio de mentalidad, de asalariado a empresario, que será más difícil de asumir cuanto más "maduritos” estemos, pero que en estos días es una obligación que no podemos eludir.

Para ello, tomando una copa -y quizás más- de buen vino tarijeño y observando la luna en una noche despejada, debemos reflexionar de manera autocrítica y a la vez estratégica sobre las fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas que como profesionales tenemos. Bajo esta premisa, no es recomendable que busquemos emprender nuevos proyectos profesionales en campos desconocidos para nosotros; más bien, debemos desarrollar nuestros nuevos proyectos en ámbitos que conocemos (y hasta dominamos), donde logremos identificar y explotar buenas oportunidades y en los cuales podamos utilizar al máximo nuestras fortalezas profesionales, conociendo sin embargo las debilidades que tenemos y las amenazas que enfrentamos para así trabajarlas, superarlas y mitigarlas.

Es así que renunciar a tener un trabajo fijo y convertirse en un profesional independiente implica, inicialmente, salir de nuestra zona de confort, rompiendo el statu quo en nuestras vidas, para ofrecer una propuesta de valor propia desarrollando una marca personal. Para eso, se deberá asumir diferentes obligaciones con naturalidad, desde ser el gerente general, pasando por ser el gerente de marketing de la marca personal, hasta ser el mensajero entregando nuestra correspondencia. Al final, todas estas actividades son realizadas en busca de un objetivo estratégico supremo, que es el de seguir creciendo como profesional, pero ahora de manera individual.

En este viaje que sí tiene regreso, ya no se tendrá que obedecer a un jefe; lamentablemente se dependerá de muchos jefes que serán los que uno pueda conseguir, que la mayoría de las veces son más exigentes, difíciles de tratar y caprichosos que el jefe que conocíamos por años y ya sabíamos cómo manejar. Por otro lado, a diferencia de lo que muchos piensan, uno trabaja más horas que en un trabajo fijo, por lo que el factor de manejo de nuestros horarios es relativo, pues resulta que en muchas ocasiones uno se encuentra frente a la computadora hasta las tres o cuatro de la madrugada para terminar un proyecto.

Finalmente, estimado lector, le doy otra buena noticia: Como en todo, el ser humano se adapta rápidamente a este tipo de vida, por lo que volver a un trabajo fijo después de un tiempo de independencia profesional se vuelve otro reto, pues otra vez salimos de nuestra zona de confort y debemos enfrentar nuevos desafíos, ahora en una nueva oficina.


* El autor, economista, es especialista en estrategia financiera.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Mejor forma de renunciar

Lucy Kellaway Financial Times (fragmento)

Una renuncia debería ofrecer una oportunidad singular para decir algo verdadero y como ya no sientes tanta obligación a la persona que te ha pagado/visto/dado su voto, puedes decir lo que quieras.

De vez en cuando alguien hace eso. Un ejemplo es la carta de los “muppets” de Greg Smith en el New York Times. También está la carta “sólo lo hacemos por el dinero” en Financial Times del gestor de fondos Andrew Lahde.

Otro ejemplo de renuncia menos descortés es la despedida de Patrick Pichette de Google, quien abandonó el año pasado su cargo de jefe de finanzas por “una perfectamente hermosa crisis de mediana edad llena de dicha y belleza” (despilfarró dinero en un viaje).

Una declaración de renuncia no es el momento de decir la verdad, sino de ser corteses y causar el daño mínimo. Las dos opciones que quedan son: ¿con o sin emoción? Y, ¿corta o larga?

En general yo estoy a favor de dar la mejor cara posible en el trabajo. Ser profesional significa comportarse con dignidad. Y eso significa, sobre todo, no llorar cuando algo va mal.

En cuanto a larga versus corta, una renuncia no puede ser demasiado corta, lo cual quiere decir que Twitter es el medio perfecto.

Chris Evans envió un mensaje de Twitter: “Cediendo el puesto de Top Gear. Di lo mejor de mí pero a veces eso no basta. El equipo es más que brillante. Les deseo todo lo mejor”. Estuvo bien, pero pudo haber sido mejor. Mi renuncia favorita en Twitter viene de Jimi Matthews, quien renunció al cargo de jefe interino de una empresa de teledifusión sudafricana el mes pasado. Simplemente decía: “He dejado la SABC”.

Parece que la plaga de la creatividad obligatoria se está extinguiendo



No soy creativa. Tampoco lo son la mayoría de mis colegas. El Financial Times emplea a gente inteligente que sabe identificar temas, escribir sobre ellos con elegancia, y darles a los lectores la mezcla correcta de familiaridad y sorpresa. La experiencia, el conocimiento, la práctica, el juicio, la habilidad y la inteligencia, todos juegan un papel. También la habilidad de escribir. Y de pensar. La creatividad tiene muy poco con ver con el proceso. No lo digo para insultar al FT. En realidad es un elogio.

Durante dos décadas las personas de negocios han dicho estupideces sobre lo que significa ser creativo. Se asume que más creatividad es mejor que menos creatividad; que no puede haber demasiada. En LinkedIn hay 2 millones de personas con “creativo” o “creatividad” en su título profesional. En Indeed, el sitio web de búsqueda de empleo, hay 32.000 ofertas de trabajo solamente en Londres que especifican creatividad, comparado con 2.700 que solicitan cortesía, y apenas 300 cooperación. Esto es desconcertante cuando se considera que ser cortés y cooperativo son características vitales para cualquier empleo, mientras que la mayoría de las empresas no tienen el menor uso para la verdadera creatividad.

La plaga de la creatividad se ha propagado tanto que ha llegado hasta donde se consideraba tabú: el departamento de cuentas. AstraZeneca, que está buscando a alguien que pueda planificar su flujo de caja, se jacta en su anuncio de una atmósfera donde las personas son “recompensadas por sus ideas y su creatividad.”

Los expertos en administración avivan las llamas con investigaciones cada vez más tontas. La más chiflada se publicó en el Harvard Business Review, recomendando a las empresas que les dieran a su personal títulos ridículos como “imaginieros” para hacerlos más creativos. Más preocupante es que identificaron con aprobación a los “artistas de sándwiches” que rellenan panes con pavo y queso procesado en Subway. No sólo es insultante esperar que a estos desdichados empleados les alegre un nombre tan idiota, es seguro que la creatividad no es lo que busca la empresa en primer lugar. Cuando uno es una máquina global que produce 4.800 sándwiches Subway por minuto, la creatividad en la línea de producción no es recomendable.

La semana pasada me crucé con el primer indicio de que la ola de la creatividad pudiera haber llegado al máximo. Fast Company publicó un artículo titulado “Como ser menos creativo en el trabajo y por qué a veces es necesario.” Razonaba que ser demasiado creativo podría irritar al jefe, y que frecuentemente la estrategia más inteligente para la mayoría de las empresas es olvidarse de las nuevas ideas y seguir haciendo lo que hacen.

Hay dos cosas extraordinarias con respecto a este artículo. Para empezar, es verdad. Segundo, lo publicó una organización que más que ninguna ha celebrado esta descalabrada tendencia. La dudosa misión de Fast Company: "inspirar un nuevo tipo de líderes del pensamiento innovador y creativo que están activamente inventando el futuro de los negocios”.

Es posible que los trabajadores comunes y corrientes estén comenzando a sentirse irritados después de dos décadas de creatividad obligatoria. La semana pasada Kantar Media, propiedad de WPP, invitó a todos sus empleados a reunirse en salones en diferentes continentes y jugar con Lego para construir sus propias versiones de un “mundo extraordinario.” ¿Descubrieron que pretender ser niños con ladrillos de colores desencadenó una ola de creatividad? La mayoría no. Un miembro del personal me envió un correo electrónico para contarme sobre el tétrico día, escribiendo en la línea de asunto: “la cosa más insensata que jamás haya sucedido en mi lugar de trabajo”.

El diccionario Merriam-Webster dice que la creatividad es “la habilidad de crear cosas nuevas o pensar en ideas nuevas.” Casi no quedan ideas nuevas, y la mayoría son muy malas, o tan nuevas que la gente común no sabe reconocerlas como buenas. Van Gogh, después de todo, vendió sólo un cuadro en toda su vida.

Aquellos que son capaces de generar ideas genuinamente nuevas son poco frecuentes. Yo sólo conozco personalmente a dos: uno es poeta y el otro inventor. Ambos hacen las cosas enteramente a su manera. Ninguno ha hecho mucho dinero; ninguno duraría cinco minutos en un trabajo corporativo; lo odiarían, y el trabajo los odiaría a ellos.

Para sobrevivir, las empresas tienen que cambiar de vez en cuando. Necesitan hacer las cosas de forma ligeramente diferente de cómo se hacían antes, pero para eso no necesitan creatividad. Necesitan personas con la inteligencia y el juicio para elaborar las variaciones correctas de las ideas existentes. Más que eso, necesitan personas con la determinación de probar esas ideas, modificarlas si es necesario y convertirlas en ventas.