martes, 8 de septiembre de 2015

Panchita, historia de tesón, visión de futuro

Hace casi tres décadas, un 18 de marzo de 1986, doña Francisca Domínguez salía por las calles de La Cancha con su carrito pintado con el nombre de Panchita y con tres pollos para venderlos como chicharrón. Ese día se vendieron dos y medio. La mitad sobrante fue la cena de la familia por la noche.

Treinta años después, los pollos Panchita se venden en 24 sucursales, distribuidas en tres departamentos (Cochabamba, La Paz y Oruro); cuenta con su línea paralela de comida criolla Llajuita; acaba de inaugurar su último centro de expendio en el que atenderá hasta las cuatro de la mañana (de miércoles a sábado, inicialmente) y anuncia nuevos menús de pollo.

Panchita ahora es un imperio y una institución cochabambina, ¿cómo ha logrado este proeza?. “Eso también me pregunto yo a veces cuando miro para atrás”, responde la propietaria para luego agregar: “Tampoco ha sido fácil, mucho esfuerzo, un trabajo de 16 horas todos los días”.

De hecho, ella tuvo que pasear con el carrito durante al menos siete años por las calles de La Cancha. Al tercer año, la familia alquiló su primer snack en la calle Totora, casi Angostura, y un año después, en la misma esquina, junto al molino El Gallo, se abría el segundo puesto Panchita.

Doña Francisca cuenta que en todo ese tiempo perfeccionó la oferta. Y el platito de chicharrón de una presa con unas papitas, que en ese entonces se vendía a un boliviano, fue creciendo con arroz y plátanos de freír, hasta llegar a su presentación actual, pensada en un cochabambino que gusta de calidad y cantidad.

Pero no sólo fue el plato, la propietaria recuerda que una de sus grandes preocupaciones fue la higiene, que contrastaba con las costumbres de otras personas en La Cancha. Y, por supuesto, está la atención al cliente, algo de lo que podían dar testimonio muchos de sus ayudantes que la acompañaron durante estos 29 años.

¿Cuándo podría decir que Panchita es ya una empresa consolidada en Cochabamba? “Cuando inauguré mi puesto en la avenida Heroínas (año 2000)”, explica la propietaria. “Eso para mí significó la conquista de Cochabamba”, añade a tiempo de explicar que hasta ese entonces, Panchita era visto sólo como un pollo de la zona sur, pero los nuevos restaurantes que después fueron extendiéndose por toda la ciudad (el centro y el norte) implicaban la conquista de un nuevo mercado.

Finalmente, se dio el salto con un par de sucursales en La Paz y Oruro, y en todos ellos el cliente puede encontrar el mismo tipo de pollo que se sirve en Cochabamba. El siguiente paso será Santa Cruz. Está en puertas la conquista nacional de Panchita.

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